Artículos

Terapia


El proceso de la terapia psicológica debe estar planteado bajo unos criterios de fiabilidad, seguridad, validez y eficacia. Para poder tratar a una persona con éxito se debe contar con esos criterios, al igual que los gobiernos de todos los países deben emplear estrictos controles de seguridad para sacar un fármaco al mercado.

La terapia cognitivo conductual ofrece la máxima eficacia, seguridad y validez para el bienestar de las personas, gracias a los estudios experimentales en los que se sustenta.

La terapia cognitivo conductual aparece formalmente en el pasado siglo con una base muy sólida gracias a la influencia ya consolidada durante décadas de la terapia de conducta. Es una disciplina científica fundamentada en la investigación contemporánea, en la que todos los hallazgos terapéuticos realizados basados en su modelo han seguido rigurosamente el método científico. Es por ello que es avalada por innumerables estudios experimentales, que delimitan formalmente cuáles serán los tratamientos de elección más eficientes, eficaces y seguros para cada trastorno psicológico, empíricamente validados.

El paradigma esencial de este modelo explica a la persona y su forma de ser como un continuo de experiencias adquiridas a lo largo de su proceso evolutivo que se aúnan conformando su personalidad. Mediante múltiples aprendizajes a lo largo del ciclo vital (infancia, adolescencia, adultez) la persona conforma su personalidad siendo más o menos vulnerable a sufrir los trastornos psicológicos habituales en nuestra cultura y sociedad.

Orientada en el presente se indaga y se interviene sobre el momento actual sin obviar la importancia de vivencias experimentadas en el pasado, que puedan estar incidiendo en conductas disfuncionales actuales, y en deformaciones de las dinámicas de pensamiento que estén obstaculizando el bienestar y felicidad de la persona.

El malestar de la persona aparece como resultado de problemas emocionales facilitados por una amalgama de aprendizajes que nos vienen dados por el simple hecho de estar vivos.

Cuando experimentamos algo desagradable o terrible, lo que aprendemos mientras conceptualizamos, comprendemos, enfrentamos y asumimos lo acontecido queda registrado en nuestro haber para futuras experiencias. A veces ocurre que esos registros se recopilan de una forma errónea, dolorosa o poco adaptativa y por lo tanto a la larga será probable que nos sintamos mal.

Por ejemplo, si en una etapa escolar varias personas nos ridiculizaron, y sufrimos sin saber enfrentar la experiencia es probable que llegando a la edad adulta desarrollemos temores sociales generadores de ansiedad. O si por ejemplo, una persona conocida ha fallecido repentinamente de un ataque al corazón, y nos afecta mucho emocionalmente es probable que vayamos a desarrollar miedos infundados sobre nuestro estado de salud.

En definitiva nuestra forma de entender lo que ocurre en nuestro entorno va a ser más o menos saludable psicológicamente hablando en función de los aprendizajes obtenidos en experiencias vividas a lo largo de toda la vida.